La escritura de Uriel —cuentos, novelas, crónicas, ensayos— puede leerse como una larga confesión demorada, una escritura que registra la vida para comprenderla y, acaso, abrirla. De ahí su carácter hospitalario: la obra de Uriel invita a quedarse en ella, a pensar con ella, a aceptar que la literatura puede ser un espacio de permanencia en medio de la intemperie.
El regreso de El gato de sí mismo a las librerías es una oportunidad para que nuevas generaciones entren en ese mundo y lo relean. No solo como un libro de prestigio académico, sino como una obra viva, capaz de provocar, incomodar y acompañar. En un tiempo que desconfía de la dificultad y de la forma, esta novela nos recuerda que la literatura, asumida como tal, todavía puede ser un espacio de riesgo, de verdad y de libertad.